Dedos hábiles dentro de la conchita y el clítoris
Este
relato es producto de la situación económica, conflicto de sexo y
afectos involucrados. A la fuerza ahorcan, podría decir un viejo de los
de antes al referirse a los hechos en los cuales uno termina por ser un
mero espectador sin posibilidades por modificar o evitar el inexorable
devenir de los sucesos.
Maria, llega a Bilbao. para estudiar,
veintidós años y buena figura, de buen venir y de mejor ir, uno de esos
cuerpos que no pasa desapercibido, ni por las mujeres, que con el
rabillo de ojo la envidian a rabiar. Pronto consigue empleo y en la
primera entrevista, como no podía ser de otro modo el encargado de
recursos humanos (seleccionador de personal) quedó embelesado, como
cajera en importante comercio. Al poco tiempo sus cualidades...
laborales (de verdad) y capacidad fueron méritos para que fuera pasible
de un par de ascensos en la escala laboral.
En una fiesta se
conoce con Walter, se ponen de novios, enamorados, a los dos meses
concretan la convivencia. Todo color de rosa, hasta que Walter queda
desempleado y con todas la implicancias que esta situación. Sale por
las mañanas con "El Clarín" (diario) bajo el brazo, vuelve con la
frustración de no conseguir, uno, dos, muchos días, el sueldo de Maria alcanza para comer hasta el día veinte, con suerte. La falta de trabajo
baja el autoestima y deprime el deseo de Walter, es uno de los efectos
indeseados producidos dicen que por la globalización de la economía.
Alejo,
es el típico ejemplar de "un bueno para nada" fachero (elegante porte),
hijo del dueño, gerente de la empresa, puso los ojos y las intenciones
en Maria. Ella no es ajena a esta preferencia no explicitada del todo,
se ratonea (erotiza) y pensó en alguno de esos momentos que la soledad
de su lado en la cama acucian el deseo insatisfecho mientras buscaba
"hacerse justicia por mano propia" (forma elegante de nombrar al hecho
vulgar de masturbarse) en tener "algo" con él. Tal vez en esa ocasión
de aliviar su joven y ferviente deseo él haya sido el motivador de sus
habilidades manuales.
Walter está cada vez peor, apático y sin
ganas, Maria cada vez mejor, pletórica y con todas las hormonas
pidiendo contención emocional, está en ese momento mágico que todos los
machos deseamos, ese momento que está dispuesta para el primero que
tenga la suerte de pasarle por delante.
Pero aún así no le fue
tan fácil, no es cuestión de andar por ahí revoleando la bombacha,
ofrecerse a cualquiera, detrás de ella hay una convivencia, un hombre a
quien quiere y quien la quiere bien, pero claro está visto que todo eso
no alcanza, menos aún para ella, cada día más vital. Eran tiempos de
mucha actividad en la empresa, que estaba en pleno crecimiento
comercial, por tal motivo debía trabajar más horas de la usuales, y en
ocasiones quedarse para cubrir tareas en horarios nocturnos no sin algo
de disgusto de su pareja. Una noche de guardia nocturna, Maria y Alejo
conversan, ella se entera que el gerente se quedó sin secretaria, se
ofrece en reemplazo. En el primer momento le resultó algo extraño pues
el hombre creyó que era indiferente a los ojos de la muchacha (como
pueden fingir las mujeres) y como respuesta:
- Puede ser.
Estarás arriba, en mi oficina, y un sueldo adicional, pero... -pausa,
mira y evalúa la reacción. -además de secretaria deberás "atenderme",
como la otra...
Maria trata de contener la bronca que le
produjo esta forma sorpresiva de abuso de confianza, primero pensó en
regalarle su mejor puteada o recomendación para su madre, pero tuvo ese
momento de frialdad y autocontrol, que solo pueden tener las mujeres,
sometió la ira y se limitó a mirarlo con su mejor mirada inexpresiva
que se dice "cara de nada"
- ¡No contestes ahora...!, pensalo
bien, volveremos a hablar. -el hijo de puta se marchó como fuera a ver
llover, sin cargo alguno de culpa.
Durante días la propuesta
ronda la cabeza de Maria. A pesar del disgusto inicial sumado a la
forma de arrogante superioridad produjo un rechazo visceral que
se fue diluyendo como agua en la arena, tal vez esta forma poco galante
fue el detalle que ahora gana su preferencia (extraño ejercicio de
pensar), le gusta la pierna (le gusta el hombre), necesita sexo y guita
(dinero). El conflicto íntimo termina por llegar a un punto sin
retorno, piensa ¡Que la suerte decida!, tira una moneda al aire: ¡cara,
guita; ceca, sexo!, la recogió sin mirar, se contestó a sí misma -¡Cayó
de canto!, la suerte está echada. ¡Vamos por el Combo! Esa mañana sabe
que la suerte está echada, sube hasta la oficina de Alejo y con calma
decisión dice: - ¡Seré tu secretaria y... ese algo más...! ¡Sueldo
extra no, tomás a mi marido como empleado!
Haberlo dicho había
tenido el costo de cargar ese conflicto interior toda una semana,
ahora, liberada de él tras haber dejado la mochila de la incertidumbre,
vencido todos los miedos y aprensiones, entrar en esta situación que
jamás se había imaginado también tendrá su costo, pero de momento no le
preocupa demasiado pues está anestesiada por ese deseo interior que la
consume. Ya ni recuerda cuando fue la última vez que su pareja la hizo
gozar, si las dos o tres últimas hace más de un mes y fueron relaciones
forzadas, casi obligadas por ella que agregaron nuevas frustraciones,
vuelta a fingir orgasmos que distaban tanto que ni siquiera estaban
asomados al horizonte de su placer.
- ¿Cuándo empezás?
La
lujuria se le nota en la voz, ¡qué torpes somos los hombres!, creer que
conseguimos las mujeres con solo intentarlo, casi siempre (como en este
caso) es la mujer la que decidió antes que el macho se le acerque.
Nosotros podemos elegir, pero son ellas deciden, ellas piensan con la
cabeza de arriba, nosotros con la de abajo.
- ¡Ahora! - decidida, sonríe, está saboreando su "victoria pírrica"
Se
deja besar. Él quiere sellar a besos el acuerdo, no lo hace nada mal, Maria se deja llevar al terreno del gerente, se desplaza delante del
escritorio, pasea victoriosa toda la sensualidad que esa mañana había
perfumado con una costosa fragancia francesa. Alejo se remueve en el
gran sillón algo incómodo, con evidentes signos de excitación sigue los
movimientos de la joven que lo está poniendo como nunca. Ella lo está
midiendo, calculando cuando la fiera sexual se abalanzará sobre la
frágil gacela, pero el tipo se hace desear más de lo que había
calculado. Ese juego del gato y el ratón modificó sus esquemas, y a
pesar de tener otros planes tales como no ser todo lo efusiva que es en
la cama, no pudo, la calentura interior la tomó por sorpresa, el hombre
en aparente pasividad se acarició el miembro, que Maria desde su
posición estimó debía ser algo importante, por el bulto al menos. Los
calores comenzaban a recorrerla, esa visión produjo el efecto de
humectar su intimidad, como en sus mejores momentos de calentura, este
sin duda estaba haciendo méritos para serlo.
Va hacia la
puerta, la cierra y vuelve dispuesta "a poner toda la carne en asador"
(algo así como jugar el todo por el todo) obligó a poner más de sí,
acuciar a la fiera a salir de su cubil. Se acercó a él, lentamente,
alargó su mano hasta tomar la del hombre, manso se dejó llevar hasta un
sillón que había en un rincón de la oficina. Se sentó delante de él,
entre sus piernas y procedió al mejor estilo de una película porno a
desabrochar el cinturón bajar el cierre del pantalón y dejarlo que por
su propio peso llegue al piso, luego hurgó por la abertura del bóxer
para extraer a la bestia que se debatía en el incómodo encierro.
La
bestia asomó su cabeza brillosa, un cíclope que se presenta amenazante,
los ojos de Maria parecen el dos de oros de la baraja, es evidente que
no esperaba tanto, gratamente sorprendida por el visitante que late en
sus manos sin poder abarcarla con una, con las dos casi, su boca se
abre, suspira en signo de asombro y callada admiración mientras por un
instante (muy breve por cierto) piensa como va hacer para aguantarse
tanta carne. Los pensamientos quedaron para otro momento, él la acercó
a su miembro. Entre la brusca maniobra y su sorpresa la verga de Alejo
fue a dar contra los labios de la muchacha. Tampoco era cosa de estar
despreciando esta apetitosa carne que hizo amago de comerla de un
bocado, sin dejar de mirarlo en todo momento, no fue más que eso para
poder rodearlo con sus labios (tiene la bocabien pequeña) debió acomodarlo despacio.
El
aguante de Alejo no daba para más, tan solo un par de lamidas bastaron
para ponerlo más allá de lo que un hombre como él podía resistir. Ella
se dejó caer de espaldas sobre el mullido cojín, subió la falda durante
el movimiento para ofrecer al macho dominante el espectáculo de su
intimidad vellosamente húmeda vestida de encaje blanco para la ocasión,
las puntillas casi traslucidad no podían contener el tupido vello laceo
emprolijado más de lo usual. Levantó las piernas tomándose los muslos,
clara invitación a que él sacara la escueta tanga de encaje, sin
hacerse repetir la insinuación juntó las piernas e hizo la bandera del
deseo por las blancas columnas y volvió hacia el objetivo dejando que
la mujer se abra ofreciendo su tesoro.
El hombre desnudo desde
la cintura para abajo, se acercó a ella, el mástil de carne enhiesto en
ángulo agudo con el vientre se acerca a ella que entrega sus bajos
instintos, abriendo los labios mayores húmedos y ansiosos por probar
esa carne ansiosa. Maria se recuesta algo más para favorecer la
ubicación del hombre entre sus piernas, se sostiene las piernas, deja
que sea él quien abra con una mano la cuevita y con la otra guíe el
ariete que la penetra. La máquina de Alejo, tamaño feroz, la abre más
que en su primera vez, se alegra de estar bien húmeda sino quien sabe
que estropicio podría causarle, los gemidos iniciales son quejido en la
impiadosa garchada (cogida). Cada entrada es un empalamiento, el hombre
está pasado de calentura, no para de meter y meter, ni pensar en su
orgasmo solo vive y por momentos sufre esta penetración que le está
llegando hasta el alma, dentro de la poca lucidez que puede tener en
una situación tan extrema no tiene registro de haberse comido tanta
carne junta, ni ser tomada con tanta pasión y violenta calentura.
Quiere ayudar asistir a la calentura de él, intenta pero por la
posición y la urgencia demostrada no le dejan realizar nada más que un
par de movimientos pélvicos para ayudarlo.
No sabe calcular
cuánto tiempo hace que está sobre ella, estima que no más de diez
minutos, pero parecen más por lo intenso de la relación. Cambia el
ritmo de la penetración, lento, profundo (¿hasta dónde quiere llegar?),
como está tomada de la espalda de él siente como se tensan los
músculos, la cadera otra cadencia en la penetración, alguna breve pausa
mientras empuja en lo profundo el glande contra el confín del útero con
firme intención de atravesarlo. Se producen, ahora con más urgencia los
signos clásicos de cuando el hombre está llegando, los sufre y disfruta
como nunca. ¡Por fin! se decide a llenarla de leche. ¡Qué alivio!
Siente como el miembro se le pone más tenso, late una y otra vez, lo
sabe con cereza es el anuncio del recorrido de la esperma que busca
rebasar los límites masculinos y ofrendarse sumisa en el cofre
expectante. No supo cuántos fueron las emisiones, pero sí notable la
expulsión de la masculinidad desbordada que va dejando en ella el
producto de su calentura.
Mientras él viaja por otra galaxia,
contenido entre sus brazos como un bebe en reposo, aún latiendo ambos
sexos, sin salirse, se enciende en ella la luz de alerta, un
imperdonable olvido, algo que no debió suceder, envueltos en la
vorágine de la urgencia sexual de él se dejo llevar en su arrollador
"in crescendo" y no reparó en hacerlo colocar el condón protector que
evita tantos dolores de cabeza. El olvido sumado a la falta de
precaución de él por no preguntar si podía terminarle dentro llegó a
este estado de cosas, estimó que no había un culpable sino una suma de
ambos. En ese breve momento de soledad, aún así abrazados, que tenemos
todos después de acabar, se puso a calcular los días que hacía después
de la última regla, con más buena voluntad que certeza estimó (o quiso
creer) que no era uno de los días peligrosos. Aún sin haber tenido un
orgasmo el coito había tenido sus momentos buenos, había disfrutado
buena parte del acto, claro él mucho más. Vuelto al mundo real, se
salió de ella, tomó su pañuelo y se lo alcanzó para que enjugara y
contuviera la descarga seminal que había dejado dentro de la maltrecha
conchita.
Por suerte no cayó en el lugar común de los que
se creen súper machos y dicen "¿Cómo estuvo?" dando por sentado que con
él todo siempre está todo bien, -¡Qué bueno, qué estrecha sos! ¡Tenías
una joyita guardada!
- Con eso -le señala la pija, aún en
erecta. - todas son estrechas para vos, ¡me rompiste toda! -la tenés
tan gorda, imposible, rodearla con la mano. -El sonríe, agradece el
elogio, que sabe es cierto, al cabo que no es la primera que se lo hace
notar.
Maria se sorprende ¡haberla tragado toda!, el semen
abundante se le escurre hasta el orto. Alejo recoge esa parte del
líquido y juega frotando sobre el aro anal, ella lo aparta asustada:
- ¡No!, ¡ni te animes, me matás! -llena de miedo intenta levantarse para refugiarse en el baño de la oficina.
- ¡Quedate tranquila, te lo perdono! - no la tranquiliza demasiado.
Lo
complace mamándolo, mantenerlo en acción es bueno para que vuelva con
esa peregrina idea y se lo rompa de verdad. La mamona está en los
preliminares, no se esforzó mucho para ponerlo en condiciones, pero él
tiene otros planes y como se puede va acomodando sobre la alfombra. Él
es bueno en caricias digitales, disfrutan haciendo el 69, ella arriba
se contonea al ritmo de la boca de Alejo, olvidada del mundo y de todo
se entrega a las habilidades bucales y a los dedos inquietos que no
dejan agujero por explorar, se deja ir en un orgasmo inesperado y
largo, desocupa su boca para no ahogarse y gozarlo. Necesitaba un
desahogo como este, que no por sorpresivo fue menos intenso y deseado.
Lo gritó y gimió tan intenso que un par de lágrimas asomaron a sus
bonitos ojazos negros, gotas brillantes que supo apreciar este
troglodita del sexo y recoger con gran ternura con las yemas de sus
dedos.
Este tipo que no le había caído muy bien era capaz de
gestos y actitudes que siempre había deseado de su amante, era un
hombre contradictorio, la furia violenta al momento de la penetración
contrasta con la delicadeza en el sexo oral y la ternura demostrada en
su goce, compartiendo y entregándose al placer de ella. Goza el relax
del prolongado orgasmo, él la espera con deseo pero sin urgencia,
cuando ella quiere retoma la mamada. Abierta de piernas se ofrece
nuevamente, la toma de las caderas, en dos movimientos está en ella,
empujan juntos, hasta el fondo, duele adaptarse al tamaño. Su vida
sexual se reduce al conocimiento de solo tres vergas, ésta es el doble
Walter.
- Será mejor boca abajo -Alejo le dedicó media hora de metisaca antes de eyacular, no hubo mención al uso del condón.
Para
facilitar el acto, él, solícito, colocó un cojín bajo el vientre de Maria, ahora la cola está bien levantada, sumisa, pero desafiante, ya
sabe cuánto calza el hombre, está preparada, aguanta, disfruta y
colabora, levanta las caderas para ofrecerse más aún al macho
dominante. Los dos en la medida de sus posibilidades disfrutan el acto,
casi al límite de su resistencia Maria llega al agónico orgasmo,
aguanta todo el pedazo que se mueve muy suave, esperando que termine de
gozarlo para retomar el ritmo y dejar en ella otra dosis del preciado
esperma que la sorprende haciéndola gozar a su contacto y estertor del
último chorro.
La ducha y el bidé no borran las huellas de la
brutal cogida, vuelve a casa irritada y dolorida. Da a Walter la buena
nueva del empleo. Después de cenar, el quiere sexo, ella dormir...
Walter recuperó la autoestima, revalorizado en lo personal tiene su
correlato en el terreno sexual, más activo, nuevos bríos hacen pronto
de él un hombre nuevo, bueno sin exagerar el mismo de antes nada más.
Verlo así justifica dejarse coger por el jefe, que por otra parte no lo
hace nada mal y bien sabe manejar el privilegiado objeto que lleva para
gusto y disgusto de Maria. Antes nada y ahora tanto, su cambio fue sin
término medio, ahora que tiene sexo seguido en casa viene a sumarse a
la faz de sexópata que exhibe Alejo, insaciable a la hora de ir a la
cama, la está haciendo de goma (en sentido literal y vulgar es cuando
le da máquina mucho y en todas las formas).
Alejo la puso a
dieta: mamona de semen y morcilla en ración doble que cumple como
mínimo dos veces en la semana, pero hubo de tres y excepcionalmente
casi cinco días. -¡Qué puta suerte y no poder contarlo a ninguna amiga
para hacerlas morir de envidia!, bueno no tanto pues también hay que
tener un aguante "de aquellos". Durante el devenir de esta relación el
jefe había acondicionado, en
los altos de la oficina una habitación adecuada para los encuentros,
casi siempre en horas sustraídas a las tareas. En uno de los encuentros
Alejo se apareció con un sugestivo obsequio -¡para los dos! -dijo
sonriendo.
Al abrirlo apareció un par de
consoladores.
Uno de buen tamaño (casi tan gordo como el de él),
después de las bromas ella no tuvo mejor idea que tomar el más pequeño
y simular una penetración: - ¿Cómo me queda? -Bien pero ese no es para
tu cuevita sino para iniciarte en la doble penetración. Mitad en broma,
mitad en serio Alejo la fue llevando con discreción y disimulo hasta
hacer la rima necesaria: "El de verdad por delante y el pequeño por el
culo".
Con el correr de los días este juego llegó a formar
parte de la rutina sexual, las molestias y dolores iniciales fueron
alcanzando niveles de disfrute en ocasiones. Ella sentía un temor casi
reverencial ante la menor insinuación de él por hacerle el culito, como
forma de practicar fue convenciendo a su pareja de que se lo hiciera
para experimentar lo qué se siente ser sodomizada, como lo tiene más
fino no será demasiado traumático. Walter se sentía en la gloria, como
tocar el cielo con las manos, el muy tonto creyó que hacerla por detrás
había sido objeto de su fuerza de seducción. ¡Nunca más lejos de la
realidad! sino que era ella que la maneja los hilos de la marioneta.
Las veces que experimentó el sexo anal con Walter no fue tan doloroso
como había fabulado, con las repeticiones aprendía de sus propias
experiencias, posiciones y sobre todo a conocerse y relajar la zona
hasta llegar a disfrutarlo alguna vez.
Cuando Alejo se cansó de
hacerle el ano con el consolador y se propuso un par de veces hasta que
al fin accedió, lo entrega con temor, un gel especial para relación
anal ayudará. Le unta y dilata el esfínter, el glande espera el momento
para mandarse, la distrae con caricias y mimos, una fuerte palmada en
una nalga la desconcentra y pierde. Gritó, dientes marcados en la
almohada para mitigar el dolor, la cabeza adentro, notable diferencia
con el artificial y el de Walter, firme avance, quejidos y lágrimas,
trata de relajarse. Más se queja, más se excita él, volcó con todo el
cuerpo, forzando a recibir todo el miembro, más duro que nunca. Pausa
reparadora, detuvo los movimientos, la esperó, con semejante pedazo
dentro aún sin moverse es toda una hazaña soportarlo. La mantiene
ensartada, firme apoyo pélvico contra sus nalgas, sintió esas manos y
dedos hábiles dentro de la conchita y el clítoris, por un momento se
dejó conducir por los dedos inquietos jugando a distraerla dentro de la
cueva. Excitado, entra y sale, con ritmo y potencia creciente,
traspasada por la carne, delira y grita, fuera de sí:
- Animal, rompé todo, date el gusto hijo de puta, rompeme. -bronca y dolor en el insulto.
- Sí mamita, ¡ya voy! -disfruta como nunca, cree que goza, empuja más.
Cree
que la hembra caliente pide más acción.
Mariaestaba descargando dolor
y bronca, vejada, soporta la sodomización, sacudida hasta lo profundo.
Alejo resopla como fiera, la llena de leche. El torrente de semen
caliente brota del arma mortal. Sale tan dura como entró, duele y
produce alivio. No puede verse, él sí, pero lo intuye, el esfínter anal
dilatado al máximo de su elasticidad, permanece un tiempo así para
regocijo del macho triunfante.
Él se siente como Trazan luego de
vencer al león, con ganas de dar ese grito, propalar el mensaje
triunfal a todo el mundo. Ella tan solo hacer un momento de silencio
por haber perdido hasta el respeto por sí misma por haberse dejado
hacer sodomizar por un miembro ¡grande como la de un burro! Corrió al
bidé, prolonga el baño de asiento, atenúa el dolor. Cuando se llega
aprovecha para higienizarle la verga, pero ni así puede bajarle la
excitación y el deseo exacerbado por haberle desvirgado el culito (no
del todo mentira). El hombre está hecho un macho cabrío insaciable,
viendo como sigue excitado aún deberá mamarlo dos veces para calmarlo,
una estando sentada en el bidé, la otra fue en el lecho. En la mañana
hay rastros del desvirgue anal, Walter se lo busca, se niega, rehuye
espantada, arguye una excusa de ocasión.
De ahí en más hubo un período de espera y luego Alejo volvió a la carga con el apremio por gozarla por detras. Al
menos dos veces por semana, recibe enema de carne en barra, siempre
sufre la penetración, pero como uno se acostumbra a todo ella considera
que también lo hará. El relato precedente me fue confiado por Maria,
amiga personal, le ofrecí mi oreja para escuchar sus cuitas, esas cosas
que solo se puede confiar a un amigo. Ella me considera (yo igual) como
su amigo, buen amigo agregaría, y después de un relato tan picante nos
fuimos poniendo a tono con el desarrollo del relato y como no podía ser
de otro modo terminamos en la cama. Lo pasamos bien, pudo sacarse este
secreto que la agobiaba moral y física.
Esta es la historia de
una mujer presa en su propia telaraña por amor a su marido, ultrajada y
vejada por este sexópata, terminó por disfrutarlo. En la cama mostramos
la otra faceta, podemos someter o entregarnos al otro sin límites, el
sexo es la excusa para dejar fluir el otro yo que nos acompaña en las
sombras. Puedo dar fe del relato, tiene todo agrandado. El tamaño de mi
aparato hizo desistir de entregar el marrón (ano) a más de una, pero Maria desafiada a demostrar la veracidad de sus dichos, lo aguantó
como si nada y hasta con orgasmos lo disfruta ahora. Luego de
tranquilizar su espíritu Maria se consiguió otro empleo y dejó la
doble vida, cambió sin demasiada bulla para no despertar sospechas. En
estos casos siempre lo mejor es que el marido no lo sepa. Mientras
producía el cambio fui su paño de lágrimas y consuelo de cama, como
para evitarle el síndrome de abstinencia.
Escribí esta historia
a instancias de esta buena mujer, para alertar a las que estén por
emprender este camino, los nombres son ficticios, los hechos totalmente
verídicos. Gracias, y suerte.
Nota: Este relato quiero dedicarlo de manera especial para una amiga lectora de Malaga.
El Pocho
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